martes, 14 de octubre de 2014

¿Cómo ser un líder perfecto?


Continuamente estamos buscando la forma de convertirnos en líderes ejemplares, leemos e investigamos diferentes fuentes que nos permitan alcanzar los “tips” más contundentes para conseguirlo. Lamentablemente no existe la receta exacta.

No podemos separar nuestro instinto animal, esa inclinación que nos empuja a tomar el lugar del macho alfa o hembra alfa, por aquello de la equidad de género; ser un jefe de manada, de aquellos que gozan cientos de hembras, de los que son los más fuertes o inspiran extrema confianza y respeto, pero sobre todo, no se forman en la fila del Banco y le roban suspiros a “Lupita” la de contabilidad.

Vivimos desafiando a la autoridad desde nuestros primeros días, criticamos y menospreciamos las decisiones de nuestros dirigentes tanto familiares, escolares, laborales, políticos, deportivos e intelectuales; seguramente sí nosotros estuviéramos en ese lugar lo haríamos mucho mejor; Y en muchos de los casos lo conseguimos, logramos ser líderes de algún equipo o bloque de personas, ya sea por coincidencia o por convencimiento sobre los demás.

Es aquí donde varios recibimos un balde de agua helada: “Un líder nace, no se hace”, no todos tenemos ese potencial que nos eleva y distingue sobre el resto. El liderazgo se hereda, se adquiere mediante la carga genética, por supuesto que existen formas de pulirlo, moldearlo y encausarlo; pero aquel que desde pequeño no mostró tintes de guía, jamás lo hará en su adultez. Podemos ser padres de familia, gerentes, directores o alcaldes municipales, ya que el título “nobiliario” puede ser otorgado a cualquiera e incluso podemos imitar y replicar diferentes formas de dirigir; pero ¿En verdad la gente nos sigue por convicción? O por obligación.

NADIE PUEDE SER MEJOR LÍDER QUE PERSONA, son conceptos intrínsecamente ligados e incorporados a la esencia del ser humano. Quien no tenga los valores, educación y conocimientos que lo hagan una persona meritoria, jamás podrá jactarse de ser un Líder Digno. La historia nos indica que aquellos personajes que usan el terrosismo emocional para infundir temor, manipular y encausar su liderazgo a un objetivo malévolo, al cabo del tiempo pierden fuerza, desgastando su discurso, provocando un sentimiento de aversión y descontento con sus adeptos o seguidores; justo en este momento es cuando no puedo separarme de mis bajos y mundanos instintos futboleros remembrando  el caso del infortunado entrenador de la Selección Mexicana que vio truncado sus sueños mundialistas al perder fuerza en su palabra con los jugadores, al ejercer una extrema disciplina recargando mano dura sobre éstos, provocando sobre algunos cuantos, el no disfrutar de lo heroico y mágico de vestir la camiseta nacional, derivado de su poca humildad, tacto, etc.

En fin, cada quien debe aceptar y ejecutar su lugar en la sociedad, a quienes les corresponda asumir el liderazgo, ojalá lo hagan con responsabilidad, se preparen y capaciten al respecto; para los innatos, ahí estaremos todos bajo su discurso con certeza; para los improvisados, no queda más que respetarlos, entenderlos y apoyarles en su desarrollo desde nuestro lado de la trinchera; eso sí, de vez en cuando y sólo de vez en cuando, con una respectiva mentada de madre en nuestro interior, que ¡ah como ayuda a liberar el alma!.

Saludos de su amigo:

El perro Arrepentido...

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