martes, 21 de octubre de 2014

COMO NOS DUELES MÉXICO!


En la actualidad tus calles están llenas de porquería, estamos inmersos en un círculo vicioso muy difícil de romper; el gobierno está atiborrado de personas que están buscando la forma más rápida para enriquecerse, el perfil del gobernante no forzosamente exige tener vocación de servir al pueblo; “los jodidos” nos quejamos de “los ricos” con un resentimiento carnal desmedido, sin darnos cuenta que entre nosotros nos pisoteamos; se acostumbra tirar basura en la banqueta de enfrente con tal de no tenerla en la propia; es precisamente esa clase baja, la que se queja de su desgracia cada año con los desastres naturales argumentando la falta de apoyo de las autoridades, cuando fueron ellos quienes llegaron a asentarse en predios irregulares con peligros inminentes, apoderándose incluso en algunos casos de propiedades de terceros. El taxista o chofer de autobús maltrata a los usuarios, arriesga la vida de los transeúntes con tal de pasar primero o ganar la clientela, es toda una mafia que nadie se atreve a combatir.

La clase media está harta de la mediocridad y los sobornos, pero no imaginamos que somos nosotros mismos quienes la alimentamos con tal de evitar multas, trámites, etc. Preferimos siempre dar “mordida” con tal que nuestro auto pase la verificación, circulé todos los días, sin importar el daño que hacemos al planeta. Creamos nuevas formas de evadir impuestos, sin pensar que justamente eso genera que se “recargue la mano” a los que son formales en sus pagos. En las afueras de las escuelas estacionamos en doble fila, " sólo unos minutitos" sin importar el entorpecimiento vial y caos que se provoca por las mañanas, total mientras uno esté bien, todos los demás pueden esperar.
Los de la “high society” exprimen y pisotean de manera déspota a los demás, sobajando y aprovechando su posición al respecto. Exige un trato especial por servicios que en teoría todos merecemos. Están tan preocupados por cada centavo que no dudan en afectar a la sociedad o al medio ambiente por ahorrárselo. Hablan de los burócratas y gobernantes como una raza subdesarrollada y poco confiable, pero los invitan a sus casas ofreciendo tributos, ya que nunca se sabe cuando será el momento  de cobro de ciertos favores. Se queja del ínfimo y pobre nivel escolar de las escuelas, cuando la estructura y porvenir de un país educado se genera en casa, pero resulta que en este estrato se relega la educación de los hijos a personas desconocidas, debido al poco tiempo que se tiene para convivir con la familia.

 
Somos un pueblo hundido, menospreciado, inculto, sucio, e incluso agachado, pero por nosotros mismos. Diariamente escupimos hacia arriba, sin darnos cuenta que la saliva nos cae encima. Tenemos los gobernantes que nos merecemos, esas personas son mexicanas, en nada son distintas  a cada uno de nosotros, seguramente en su lugar haríamos lo mismo.
Preferimos los productos importados a los nacionales debido al estatus que los primeros nos otorgan; al artesano mexicano le regateamos, lo empobrecemos mientras que a las grandes industrias extranjeras hasta a meses sin intereses les compramos; denostamos y nos asqueamos con los indígenas, sin darnos cuenta que fueron “los güeros” los que llegaron a robar, saquear, dejándolos en la miseria,  justo a esos que son los verdaderos dueños de estas hermosas tierras. Ahora ellos no les queda más que mendigar por un pedazo de pan o hacer el trabajo que nadie quiere hacer.
Ésta es nuestra realidad, desgraciadamente el panorama no permite la esperanza de cambio; la idea no es escribir, decir, criticar o vociferar en nuestra propia contra; es acerca de iniciar el cambio por nosotros mismos, creando nuevas generaciones llenas de orgullo por su país, donde los niños aprehenden (con “h”) desde su propio hogar, lo importante que es el respeto, tolerancia, ecología y honestidad, ya que sin estos pilares en nuestra educación, no existen posibilidades para una nación digna del primer mundo. Mientras sigamos con esta conducta suicida y “¡vale madrista!”... Jamás llegaremos a tener lo que todos en el fondo deseamos, pero que sin duda nos da flojera dar el gran paso que requiere: Día a día trabajar, luchando por una sociedad compacta, donde cada quién hace de manera correcta lo que le toca y siempre anteponemos el bienestar colectivo por encima del particular.


Saludos de su amigo:
El perro Arrepentido...
 





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